Además, aprovecho para comentarles que Papá Farruco volvió del pueblo para acompañarme a un jucio que una servidora tenía pendiente con un pequeño Makinavaja que un día soleado de hace año y medio, decidió apoderarse de varios de mis abalorios guardados en el coche, entendiéndose por ellos, mochila de gimnasio, cd´s de música y material de Pilates. Papá Farruco se encontraba espitoso. Jamás había sido citado en un juzgado y me propuso acudir a él con gorras y gafas de sol para no ser reconocidos. Le tuve que recordar que yo no era la acusada, que simplemente iba como testigo implicada, que era posible que ni me hicieran hablar. Noté una gran tristeza en su rostro. Al llegar a los juzgados, se llegó a un acuerdo rapidísimo en el que ninguno tuvo que declarar y se acordó que el delincuente en cuestión me abonaría los desperfectos causados. ¿ Y esto es todo? resoplaba el pobre. Creo que hubiera estado encantado si miles de periodistas nos hubieran estado esperando en las puertas de las dependencias para pedirnos declaración. Lo siento por él, con lo ilusionado que se le veía.
Sobra decir que la Farruca ni acudió. Después del culetazo que se metió a causa de la nieve, ha decidido no salir de casa hasta nuevo aviso. La última vez que hablé con ella se cagaba en la blanca Navidad. Cosas suyas.
Yo, sigo teniendo puré de calabacín en cantidades industriales. Es imposible que dos seres humanos sean capaces de engullir tanto. Mi hombre, aún lo mira con cierto recelo, no acaban de convencerle mis explicaciones.
Bueno gente, lo dicho, volveré la semana que viene. Mientras tanto, portaros todo lo mal que podaís. Yo, seguiré currando, sobreviviendo, y echándoos de menos, que no es poco. Miles de besos.
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